Actualidad y Psicoanálisis

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¿Tolerancia a la frustración?

El otro día leímos un artículo de Javier Marías “Generaciones de mastuerzos”.  Marías habla del miedo que tenemos los adultos de frustrar a los niños, de que sientan que no pueden tener y alcanzar todo lo que desean y de los peligros que como sociedad esto entraña.

En nuestro día a día todo es inmediatez, recompensas a corto plazo y premios generalizados, parece que nos estamos olvidando de que el esfuerzo hay que recompensarlo, que no todos tenemos las mismas capacidades y que cada uno tenemos facilidad para cosas diferentes.

El otro día asistimos a la fiesta de un colegio de Madrid. Muchos centros escolares “abren sus puertas” un día al año para integrar a familias, personal docente y niños.  Habían organizado diferentes concursos, uno de baile, donde se pueden apuntar los niños de Primaria y ESO, uno de tartas, donde participan familias o grupos de niños y muchos juegos en un ambiente festivo.

Una madre nos contó como sus hijos se habían organizado en grupos o parejas con amigos, para hacer una tarta, cómo la habían decorado y finalmente terminado para entregarla al día siguiente con mayor o menor tino.  La mañana de la fiesta a primera hora la llevaron y para  su sorpresa  los que recogían las tartas   metían en un saco el papel donde figuraba el nombre de los participantes y la tarta, sin identificar, iba a otro lado. La madre inocentemente preguntó cómo iban a saber quién era el ganador y la respuesta fue: “se sortea entre las papeletas de los participantes”.

Lo mismo pasó con el concurso de baile.  Para participar había que organizarse en grupos, con un máximo de participantes, con todo lo que conlleva para los niños la negociación de no ser aceptado en un grupo, de tenerse que poner de acuerdo en el tipo de baile, la música… y para los profesores que en muchos casos tienen que mediar cuando hay conflicto.  Y luego los ensayos, claramente había grupos que se notaba que habían ensayado más, que se habían esforzado más, que se les daba mejor. Pero !otra vez! el grupo ganador era por sorteo.  Bailaban,  y después “una mano amiga” elegía un papel y salía el ganador.

Antes había un jurado, pero ante las quejas de los padres de favoritismos y amañamiento, la dirección del centro decidió cortar por lo sano y así nació el sistema del sorteo.  Una madre comentó un poco avergonzada que ella se había quejado de que siempre ganaba la misma niña, pero también dijo que nunca esperó esta respuesta.

El mensaje que se estaba dando era:

1º. Que el centro escolar no tiene la autoridad suficiente para gestionar los conflictos, tolera muy mal la crítica y en lugar de haberse parado a pensar cómo resolver el conflicto, con todo lo que ello conlleva: observar, tener criterio propio, aceptar la crítica y hacer cambios coherentes, lo que hace es “eliminar” el conflicto  generando un problema mayor.

2º. El mensaje que se da a los alumnos es que el resultado no depende del esfuerzo,  que todo es cuestión de suerte.

La idea de que estamos criando  niños y adolescentes exigentes respecto a sus deseos y con baja tolerancia a la frustración es generalizada y eso preocupa pero ¿qué estamos haciendo individualmente para mejorar esto? ¿No será que somos una generación de adultos con baja tolerancia a la frustración?

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