Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

¿Transexualidad y homosexualidad infantil?

Si hemos tenido la oportunidad de reflexionar sobre la sexualidad de los niños, sabremos que desde muy pequeños están llenos de curiosidad por sus propios genitales, por los del sexo contrario, fantasean con lo que hacen papá y mamá… incluso tienen teorías sobre como vienen los niños antes de que se les haya informado al respecto.

La sexualidad infantil no tiene nada que ver con la adulta. Tiene como objetivo estimular ciertas zonas corporales para promover una función vital, por ejemplo, la de comer en el caso del bebé. La boca pasa a ser una zona estimulada libidinalmente  para que el niño sienta placer al comer.

Así en nuestro desarrollo psicofisiológico existen diversas zonas estimuladas, la oral, la anal y la genital. El protagonismo de dichas zonas varía según el momento evolutivo en el que se encuentre el niño.

Al principio todo la atención recae en lo oral, en  la boca, es de este modo cómo se afianza el vínculo con la madre y se estimulan emociones que le apegan a la vida, aprenden a comer y con ello también a coordinar su mano con la boca y los ojos, a reconocer distintos sabores, a masticar… conductas que ayudan a independizarse de mamá.

El control se deposita en lo anal, la libidinización de esta zona corresponde con la necesidad de control de esfínteres, pero también con la necesidad de controlar otros aspectos de su vida. Cuando esta fase está más activa es cuando los niños quizás estén a su modo más controladores, por ejemplo de mamá. Es cuando notan más las separaciones y los cambios “este niño está empezando a extrañar”.

La etapa genital en la infancia se  denomina fálica, porque es cuando los niños y niñas comienzan a notar las diferencias, lo que tienen unos y lo que no tienen otros, se sale de la burbuja madre-hijo/a para aparecer el “otro”, el papá, los hermanos, otros adultos y niños.

 Todas estas fases están activas desde siempre y están vinculadas a un desarrollo psíquico. Se supone que con la madurez se van apagando para que surja una definitiva y única sexualidad, la genital.

Como vemos, la sexualidad en los niños está siempre presente pero de una manera y con unos fines distintos a las del adulto. Se trata de un proceso que dura hasta la adolescencia.

En este sentido nos preocupa que la histórica dificultad para comprender y aceptar la homosexualidad y transexualidad adulta se transforme en reivindicación con los niños. ¿Qué queremos decir con esto? Que no se esté teniendo en cuenta que la sexualidad infantil pasa evolutivamente por fases en las que predomina la homosexualidad, pero entendida esta como etapa en la que las niñas y los niños están muy identificados con su propia madre, “aman a su madre” la quieren toda para ellos/as, otras con su padre, se identifican con él y quieren ser como él, tanto las niñas como los niños. Luego en la pubertad su interés estará puesto en los iguales, si se trata de una preadolescente; querer ser como tal amiga, hacer como tal otra, vestir de tal manera y los niños hacen lo propio con sus amigos…, pero esto no significa que sean homosexuales, simplemente están identificándose con su propio sexo. El peligro está en que otorguemos una identidad falsa a un niño/a por no poder entender el proceso de transformación y crecimiento que acompaña la sexualidad infantil.

Estas semanas han salido noticias en relación a transexualidad de niños de 5 años, de 11…. Se presentan como “victorias” ganadas en favor de la libertad.  No se está teniendo en cuenta la complejidad del desarrollo y todos los factores que intervienen: emocionales, de identificación con los padres, de dificultades evolutivas… y nos parece que se está simplificando el problema equiparando al niño con un adulto. Esto puede ser catastrófico para los niños. De repente te encuentras con un especialista que calma a los padres diciéndoles que todo lo que le pasa a su hijo es que simplemente es homosexual, transexual… ¿pero lo es de verdad? O se trata de una dificultad en el desarrollo psicosexual, que puede ser más difícil y comprometido de entender. Estamos viendo que se “tira” con facilidad de la etiqueta, hiperactividad, transexualidad… para así  «resolver» farmacológicamente y con intervenciones quirúrgicas. ¿Será que ante el  miedo a  responsabilizarnos y a comprometernos más prefiramos una higiénica y organizadora etiqueta?

Deja un comentario

captcha *