Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Violencia de genero. El deseo que esclaviza.

El pasado 25 de noviembre se celebró el día contra la violencia de genero. Nos gustaría pensar sobre los funcionamientos mentales que están detrás de este tipo de violencia y si efectivamente tiene su origen en el «género».  No podemos meter en el mismo saco todos los tipos de violencia de «genero» que se dan en el mundo, nosotras hoy queremos pensar  en la violencia que se da en relaciones que se perpetúan y donde la  mujer no denuncia, aunque tenga todos los medios a su alcance para hacerlo.

Empecemos a pensar:

Mientras las mujeres tienen instinto maternal y suelen ser comprensivas, los hombres pueden ser más competitivos e impulsivos. Pero lo que parecen características definitorias de género, no son más que aspectos parciales de la personalidad, los aspectos femeninos y los masculinos de la personalidad. Estas cualidades en verdad son aspectos  a desarrollar, todos necesitamos tener capacidad para  comprender, empatizar, cuidar… pero también tener decisión, capacidad de resolución, etc. Cuando no hay una buena integración entre los aspectos femeninos y masculinos, el individuo queda debilitado porque uno de esos aspectos puede dominar,  y lo que puede ser más grave, radicalizarse dentro del  continuo sumisión-agresión.

En el proceso de maduración mental se van integrando poco a poco los aspectos masculinos (acción) y femeninos (contención) de la personalidad, esto va dotando al individuo con la capacidad de diferenciar y tener criterio propio, afrontar los avatares de la vida desde una estructura emocionalmente sólida y así de esta manera al funcionar desde la madurez ,aumenta la estabilidad emocional.  No completar el proceso  dejará a la persona insegura y a merced de altibajos emocionales, lo mismo se sienten “lo peor” que “lo más”, “ lo aguantan todo”, que  ”no pasan una”, …

Los hombres y mujeres que no alcanzan la madurez, al no tener una buena estructuración psíquica y un buen equilibrio emocional serán muy dependientes emocionalmente, necesitarán que el entorno les proporcione  amparo y seguridad y que les  devuelva la imagen de sí mismos de la que carecen.  Además su visión distorsionada de la realidad les hará creer que si no ocurre lo que ellos desean-esperan, se comete una  injusticia, viviendo la frustración desde la desesperación, como si se les estuviese quitando algo “que es suyo”, no podrán mediar, pensar y por este motivo actuarán sin sentido común.

Aquí es donde empieza el dominio de la Ley del Deseo. “Lo quiero pues  lo tengo”,  pues conseguir lo que se desea, en este estado, es lo único que refuerza la identidad, por eso el individuo se embarca en una loca persecución de lo que quiere porque de no tenerlo, sobreviene una frustración  sangrienta.

Este deseo cuando se maneja de forma activa impone el lema: “lo quiero, lo cojo” y si lo hace de forma pasiva sería algo así como: “no me lo da, no me quiere”, “no valgo nada”. Son los dos polos de la misma moneda  sado-masoquista.

Los hombres  atrapados en la inmadurez, por su constitución física y porque las características masculinas tienen que ver más con la acción, pueden conducirse de manera sádica, dando rienda  suelta a su deseo y a conseguirlo activamente. Por el mismo motivo la mujer que no ha madurado puede que  muestre este conflicto de forma  masoquista, de una manera pasivamente “activa” se quejará de no tener, de no conseguir, de que no le dan…Si pudiera, como ocurre en muchos casos, la mujer que tiene  fortaleza física arremete de la misma manera que un hombre.  Como este tipo de relación está basado en el poder, siempre que exista la posibilidad, mostrará su cara sádica y  activa contra el débil, por ejemplo con los niños.

En estas circunstancias las parejas que se forman son complementarias desde este funcionamiento sadomasoquista. La parte sumisa buscará ganarse la aprobación de la parte sádica y la parte sádica se complacerá en tener un seguidor incondicional. Todo irá bien en los momentos en que el tándem  encaje y la realidad no frustre la fantasía  y cada uno  de los miembros de la pareja se sienta exclusivo. El problema sobreviene constantemente porque la vida no entiende de encajes fascinantes e ideales, porque ninguno de nosotros somos  tan ideales e imprescindibles como nos gustaría ser.

Si el problema de la violencia de género tiene algo que ver con el buen desarrollo psíquico, la publicidad y las campañas de concienciación servirán únicamente para que no se olvide el problema, pero en ningún caso servirá para que aquellas mujeres y hombres dominados por este tipo de funcionamiento mental dejen de ser como son, aunque quieran.

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