Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Frenemos el Desamor

 

La italiana Natalia Ginzburg escribió algo muy hermoso en este sentido: “Por lo que respecta a la educación de los hijos, creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad; no la prudencia, sino el coraje y el desprecio por el peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor por la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo del éxito, sino el deseo de ser y de saber”.  (artículo «La Memoria del Bien». El Blog de Daniel Capó)

Si tomamos nota de cada una de las recomendaciones y nos detenemos a profundizar en ellas, nos daremos cuenta de que no sólo al seguirlas conseguiremos seres humanos  felices, además  construiremos  una sociedad confiable y sensata. Parece que es esto lo que la niña del vídeo les dice a sus padres para que salgan  de su pequeña y limitada visión de las cosas y  tomen perspectiva para mirar con más sensatez y amor.

Muchas veces escuchamos que la gente que se corrompe y consigue todo lo que quiere, lo hace sin tener ningún coste legal, social y sin ninguna repercusión negativa a nivel personal y emocional.  Es verdad que muchas veces los observamos como triunfadores, de hecho se suelen posicionar en las altas esferas de la política, de las finanzas o de la cultura. Puede decirse que en todas partes hay personas que alcanzan  poder y  fama  manejando con destreza sus «pequeñas virtudes» sin generosidad, han sido prudentes y astutos para que nada ni nadie obstaculizase su meta, anteponen el «yo» y el «mío» al «de todos» y si tienen que mentir o traicionar , no lo dudan con tal de conseguir su «deseo de éxito».

Por eso es probable que quedemos ambiguos ante las directrices de Natalia Ginzburg, por un lado queremos que los niños sean honestos y firmes, pero por otro parece que la corriente que nos guía nos lleva a pensar que así no van a poder alcanzar sus sueños. Quizás confundamos «Sueños» con «Poder» y finalmente  y  sin querer, potenciemos  todas aquellas cosas que hacen que nuestros niños apunten bajo para  llegar  antes que nadie.

El filósofo José Marìa Esquirol en su libro «La Resistencia Intima» insiste en la necesidad de resistirnos a las inercias que invaden nuestra humanidad. Tenemos que  preservar nuestra bondad y nuestro amor alimentándolo con  el cuidado de los demás a través de nuestra entrega y generosidad. Sin esto no se puede ser feliz de VERDAD

Ser «los más» no nos hace felices porque nos hace individualistas y nos lleva a despreciar a los otros, lo común (en el sentido de lo que compartimos con los demás y en relación a las cosas pequeñas y cotidianas),  porque nos  atrapa en un mundo rodeado de desamor. Es probable que a nuestros seres queridos los defendamos como tiburones, pero el hecho es que así convertimos el mar en un espacio  infectado de seres capaces de comerse los unos a los otros.

Sólo la educación puede cambiar esto. Lo que nuestros abuelos nos mostraban como normas básicas de respeto y de honestidad «si, estaba tirado, pero debe ser de algún niño de la clase, mañana lo llevas para que la profesora busque su dueño»,  «espera antes de entrar y sujeta la puerta» , normas todas ellas que venían a decir: «cuida a los demás como si fueras tú mismo, cuida lo de los otros como si fuera tuyo».  Normas que ahora están siendo abatidas por el torrente de voracidad y velocidad por llegar a no se sabe donde. 

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