Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Los atentados de París y lo que despierta el recelo.

La  semana pasada tuvimos una sesión de trabajo con los alumnos de bachillerato de un instituto de la Comunidad de Madrid.  El tema a trabajar era  cómo influye la relación madre-bebé  en el desarrollo de la personalidad.  Tomamos como referente de este proceso la película «In side out» («Del revés»).

La cuestión que surgió nada más empezar en el grupo fueron por supuesto los atentados de París del 13N,  de los que habían transcurrido tan sólo dos días.   Todos nos preguntábamos sobre  qué tiene que pasar en la mente de una persona para que decida inmolarse.  Pensamos en los grupos de inmigrantes y  su integración en la sociedad. También hablamos sobre los alumnos inmigrantes del instituto y de cómo para unos es una” anécdota” ser extranjero, mientras que para otros es  un cuestión que marca toda su vida, su forma de relacionarse, su confianza en los demás y sus perspectivas de futuro.

Esto que parecía tan desconectado de la película no lo era tanto, pues uno de los vértices del problema del fanatismo tiene que ver con una falla en la parte de la estructuración del psiquismo relacionada con la relación madre-bebé en primer lugar y más tarde con la relación  familiar y social del niño.

La película muestra  precisamente el desarrollo de esta relación y su importancia en la creación de la red interna que será el sostén de la autoestima y la inteligencia emocional.

El niño en sus primeros años,  está dominado por emociones extremas que le hacen sentirse como en una montaña rusa de la cual sólo no es capaz de salir. Son los padres quienes ayudan a metabolizar  las buenas experiencias y a comprender  las malas para ir aprendiendo  poco a poco  a manejar sus impulsos y a pensar. La repetición de este proceso durante mucho tiempo es lo que permite hacer crecer los recursos necesarios para manejarse de forma realista y  con inteligencia emocional en la vida.  Este modo maduro de actuar fomentará  los recuerdos que dan perspectiva,  creará estrategias de enfrentamiento y  la capacidad de autocontrol.

Pero para llegar a esto, primero tiene que haber habido unos padres que hayan podido pensar y hacer estas funciones por él.  Cuando los padres  no tienen desarrollada esta capacidad, no podrán trasmitírsela a sus hijos, lo que les hará débiles  y  sin identidad, por lo que habrán de buscarla en los grupos  para  “ser” algo: musulmán, blanco, británico o lo que sea.

Cuanto mayor es la fragilidad del individuo más se fusionará con la identidad grupal y serán estos miembros los más proclives a  radicalizarse  adoptando una  identidad homogénea basada en eslóganes como “nosotros somos los mejores” “nos defenderemos de los enemigos” “juntos podremos triunfar” “nosotros somos los que tenemos la verdad…”

En todos estos grupos está presente el recelo que no se pudo depurar en la infancia y será el motor de cohesión grupal.

El recelo forma parte de nuestra personalidad porque con él convivimos en cuanto aparece un competidor por el amor y la atención que queremos para nosotros en exclusiva.   Está siempre latente y se potencia sobre todo en los grupos radicales.

Si decimos que el recelo es parte natural de la vida porque siempre va a haber competidores, este recelo se amplificará todavía más  en entornos carentes emocionalmente donde además no hay para todos.  Sería muy importante  desarrollar la capacidad de metabolizar las emociones en los niños que no están teniendo posibilidad de hacerlo, para evitar que sean caldo de cultivo del fanatismo. Los entornos carentes de pensamiento, con pocas posibilidades de prosperar en la vida y por este motivo, sumergidos en la desesperación, los conflictos bélicos, etc, hacen que un potencial humano inmenso se desperdicie y sufra. Además estos niños sin futuro crecerán con la idea de que en otros lugares «lo tienen todo». Esta puede ser la mecha que encienda cualquier tipo de eslogan que agrupe a las personas en el recelo, contra grupos o contra naciones.

Después de los atentados de París el mundo occidental está conmocionado y unido  en el recelo, los estados mentales de emergencia han de dar paso al pensamiento, en caso contrario podemos reproducir el modelo fanático del que nos queremos defender.

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